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Actitudes y Roles del Docente
jueves, 10 de agosto de 2017
Actitudes del Docente en el Aula
Actitudes del Docente
Los maestros frente a grupo muestran diferentes actitudes, todas ellas claras para sus alumnos. Es así como en las aulas, se identifica con facilidad al maestro arrogante, intimidante, autoritario, paternalista (sobreprotector), permisivo, democrático, voluble (inconsistente), juez, paranoico y equilibrado.
Tipos de actitudes del Docente
Arrogante: se siente superior a sus alumnos, se considera inalcanzable, sin errores. Tiene grandes dificultades para escuchar las opiniones de sus alumnos y de sus compañeros, incluso de sus directivos. No reconoce errores.
Intimidante: la amenaza lo acompaña en todo momento, de tal forma que al menor intento de algún alumno por cambiar la clase, se puede hacer acreedor a disminución de calificación, reportes escritos de conducta o aprovechamiento, cita para los padres de familia, trabajos extras o canalización con alguna autoridad escolar. Su herramienta no es la estrategia, sino la amenaza y el castigo.
Autoritario: tiene dificultad para escuchar y permitir sugerencias. Lo que él dice se debe hacer sin titubeos. Lo que indique, aunque no tenga la razón, se debe obedecer porque él es el maestro y manda. No reconoce la crítica, se violenta ante la misma.
Paternalista: es sobreprotector, su trato hacia los alumnos es excesivamente cariñoso, con frecuencia repite a los alumnos el afecto que siente por ellos. Defiende a sus alumnos en todos los casos, ya sea frente a los directivos, asesores, psicólogos, orientadores e incluso, de los padres de familia. El vínculo afectivo que establece con sus alumnos (en ocasiones), impide que se cumplan las normas de conducta y trabajo en el aula.
Permisivo: en la mayoría de los casos, evita el esfuerzo de lograr que los alumnos trabajen o se desarrollen bajo normas establecidas, y por lo mismo, permite que la actividad sea libre y la atención se disperse. Evita conflictos con los alumnos dejando que ellos hagan lo que prefieran en clase. Tiene graves problemas de control de grupo.
Democrático: este docente guía su didáctica de acuerdo a lo que digan las mayorías. Pide tarea si la mayoría lo desea, salen a trabajo de campo si la mayoría del grupo tiene interés, trata en clase un tema nuevo si a la mayoría le parece importante, incluso, en ocasiones cambia sus criterios de evaluación de acuerdo a la escala que la mayoría proponga. En este caso, la guía de la clase no es el maestro, sino las mayorías.
Voluble: es inconsistente, puede presentarse a una clase con buen ánimo, entusiasta y motivador, y a la siguiente con temperamento colérico, exigiendo trabajos complicados e innecesarios. Un día puede ser el apoyo del grupo y al otro, su acusador. Este maestro cambia sus criterios con facilidad, lo cual desconcierta a sus alumnos.
Juez: este docente cree saber en todas las situaciones, qué es lo que sucede. Se atreve a juzgar sin fundamento, de tal forma que rechaza tareas porque asegura que el alumno no la hizo, anula presentaciones por creer que el alumno no las diseñó, “adivina” quién hizo alguna avería y le castiga, hasta impide la entrada a su clase de algún alumno porque según su criterio, no llegará a nada. Hace un juicio de todas las situaciones de clase.
Paranoico: se siente perseguido por sus alumnos y piensa que todo lo que hacen o dejan de hacer, es con la intención de perjudicarle. Es así como se encuentran docentes que le dicen a sus alumnos “no hicieron la tarea para hacerme enojar”, o “reprobaron para que el promedio de aprovechamiento de mi clase sea bajo, porque quieren perjudicarme con los directivos”. Este docente, lejos de entender las debilidades de los alumnos, cree que todo acto es premeditado y va contra su persona.
Equilibrado: mantiene un adecuado control de emociones, ideas, juicios y didáctica en clase. Es firme en los principios de conducta y de trabajo, sin llegar al autoritarismo de un dictador. Establece vínculos que favorecen el proceso de enseñanza – aprendizaje, sin llegar a sobreproteger a sus alumnos. Escucha con atención y reconoce sus errores. Enseña al alumno a aprender del error. Permite lo necesario y prohíbe lo que daña al proceso y a la persona. No se muestra exageradamente sentimental, pero a la vez, no es frío y rígido. Busca el equilibrio, la justicia, el crecimiento del alumno y la razón.
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